El Día de la Candelaria es uno de los más populares dentro del calendario de festejos en México.
Varias calles del Centro de #CDMX Ciudad de México —entre ellas Manzanares, Roldán, Talavera y Jesús María— se llenan de puestos y talleres dedicados a la venta de ropones y accesorios, así como a la reparación y restauración de la figura del Niño Dios.
¿Ya tienes listo a tu Niño… pic.twitter.com/Za5xG6MtX7— Webcams de México (@webcamsdemexico) January 28, 2026
Y no es cosa menor, pues se trata de un momento que se relaciona directamente con el Día de Reyes y que implica degustar los tradicionales tamales, uno de los platillos más populares de la cocina mexicana.
Sin embargo, esta tradición también conserva un profundo sentido religioso y ahora explicaremos un poco de cómo surgió.
El Día de la Candelaria, que se celebra cada 2 de febrero, es la segunda fecha más importante dedicada a María, justo detrás del 12 de diciembre en que se celebra a la Virgen de Guadalupe.
Aunque su origen se remonta a épocas bíblicas y surge como la fiesta de la Purificación, también llamada la fiesta de las velas o de las candelas, una tradición de la Iglesia Católica que conmemora la purificación de María, 40 días después de haber alumbrado a Jesús, y en la que tradicionalmente los participantes portaban velas o antorchas en una liturgia especial.

En el siglo 16, esta tradición se traslada a México, cuando se establece esta celebración como el momento de bendecir velas, las cuales ayudaban a personas a punto de morir o se reservaban para situaciones de peligro o para escapar de las tentaciones del demonio.
Con el paso de los años, el Día de la Candelaria se vinculó con la partida de la Rosca de Reyes, que en su origen escondía un haba en el roscón y quien la encontrara era bendecido por un año con prosperidad y fertilidad, y que actualmente, tiene un significado distinto.
Ahora, encontrar el muñequito en la rosca, convierte a quien lo halla en quien debe de invitar a su círculo cercano una buena dosis de tamales.
Además de esta tradición, está la de vestir a las figuras del Niño Dios, misma que, junto con los muñequitos de plástico de la rosca, forman una evocación de la presentación de Jesús en el templo por lo que las imágenes son ataviadas con ropas especiales creadas para la ocasión y que inició a los conventos del siglo 18.

Así, esta tradición profundamente arraigada entre los mexicanos sigue conservando su carácter religioso pero también ha adquirido un nuevo sentido de convivencia social, además de resaltar el papel de los exquisitos tamales que se preparan a lo largo y ancho de nuestro país.





